Supervisión felina, improvisación humana
Aquí no hay una empresa ni un equipo de marketing diseñando frases inspiracionales. Solo una criatura humana imprevisible que intenta navegar el caos con una mano y tomar notas con la otra, por si algo de eso sirve a alguien más, y su fiel compañero felino, supervisor de rutinas y experto en siestas estratégicas.
Una criatura humana imprevisible y su gato
Durante el día organizo proyectos, equipos y deadlines que parecen imposibles, todo con una ligereza y naturalidad que crean la ilusión de que el orden es algo natural para mí. Pero fuera del horario laboral… la vajilla se acumula en el fregadero, lo que necesito en cada momento desaparece misteriosamente, y el único que parece tener control absoluto sobre el tiempo y las rutinas es mi gato, Mochi: fiel compañero, guardián del tiempo y maestro de la cronobiología felina.
El mito del usuario defectuoso
A lo largo de los años, en mi intento de funcionar "como debía", he probado absolutamente todo: planners minimalistas, bullet journals prometiendo iluminación, apps con colores hipnóticos y sistemas diseñados por gente convencida de que "solo hay que ponerle ganas".
Si estás aquí, probablemente ya sabes cómo acaba esa historia.
Con el tiempo entendí que el problema no era mi falta de constancia,
ni mi motivación, ni mi supuesta pereza.
El problema era que la
mayoría de esos sistemas nacen de personas que nunca han tenido que pelear
con su propio cerebro para poder funcionar.
Hay toda una industria construida sobre la idea de que, si algo no te funciona, el fallo eres tú.
Es una excusa tan elegante como tóxica para venderte la siguiente solución milagrosa.
También están los del otro extremo, el campo unicornio feliz, que te dice que todo está perfecto, que nada necesita cambiar y que solo seas tú.
Muy bonito… pero poco realista, salvo que vivas en una burbuja de la que nunca tengas que salir ni enfrentarte a las responsabilidades del mundo real.
La realidad, es que cuando vives con un cerebro que no responde a las normas del manual estándar, el problema no está en que te falta fuerza de voluntad – lo que falta son herramientas que entiendan y se adapten a tu forma de procesar el mundo.
Sistemas que funcionan incluso cuando no funcionamos
Después de muchos experimentos descubrí algo simple pero crucial: necesitamos sistemas que funcionen incluso cuando no funcionamos del todo.
Necesitamos sistemas que no se derrumben si un día el cuerpo o la mente
deciden hacer huelga.
Estructuras que no exijan disciplina constante, sino que acompañen, como una
barandilla suave que te sostiene sin forzarte el paso.
Cansada del absurdo y la evidente falta de realismo de ambos extremos,
decidí compartir lo que he ido creando durante años, por si alguien más
se ha cansado de tanto marketing y tanta tontería.
Sencillo, honesto, directo desde la trinchera.
No prometo fórmulas mágicas ni productividad perfecta.
Ni siquiera
puedo prometerte que te vaya a resolver la vida –
cada persona es un mundo.
Lo que sí prometo son herramientas reales para criaturas humanas reales.
Cosas que he probado, ajustado, reinventado y, cuando ha hecho falta,
lanzado por la ventana y vuelto a reconstruir.
La dirección creativa felina
Mochi, por su parte, supervisa todo el proceso con rigor felino.
Se asegura de que respete las rutinas, de que no me salte la hora de comer –especialmente la suya– y de que recuerde que la productividad sin descanso no es productividad, es agotamiento con buena tipografía.
Si algo de todo esto te ayuda a respirar un poco mejor,
a organizar el caos con menos culpa,
o simplemente te hace sentir acompañado
en esta imprevisibilidad compartida,
entonces este experimento ya habrá merecido la pena.